Entregarse a Dios
presentarle todo nuestro ser para propósitos justos....
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El corazón de la adoración es rendirse, entregarse. La palabra rendición es poco popular, es tan fea como la palabra sumisión. Implica derrota , y nadie quiere ser un perdedor. La rendición evoca imágenes desagradables: reconocer la derrota en la batalla, darse por vencido en un juego o ceder frente a un oponente más fuerte. Casi siempre se usa en un contexto negativo. Los delincuentes son atrapados y entregados a las autoridades. La cultura actual de competitividad nos enseña a que nunca debemos rendirnos; no se oye mucho hablar de rendirse. Si todo se trata de ganar, rendirse es inconcebible. Preferimos hablar de ganar, triunfar, superar las dificulta des y conquistar; nada de ceder, someternos, obedecer o entregarnos. Pero la entrega a Dios es el corazón de la adoración. Es la repuesta natural al asombroso amor y misericordia de Dios. Nos entregamos a él, no por temor u obligación, sino por amor. "porque el nos amó primero" Hay tres obstáculos que bloquean nuestra entrega total a Dios: el temor, el orgullo y la confusión. No nos damos cuenta de cuanto nos ama Dios, queremos controlar nuestra propia vida y mal interpretamos lo que significa la entrega. |
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